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Homilia de Fray Timothy Radcliffe


PARA LA MISA DEL ESPIRITU SANTO

13 de Julio día de la elección de Maestro de la Orden

Los discípulos están encerrados en el cenáculo porque tienen miedo. Jesús entra atravesando los muros, infunde el Espíritu Santo sobre ellos y los libera para ir a la misión. Nosotros estamos como ellos al pedir hoy el Espíritu santo. ¡No estamos encerrados en Bien Hoa por miedo, aunque se nos ha aconsejado que no salgamos! Pero cada uno de nosotros tiene miedos que pueden encarcelarnos e impedir que salgamos a la misión.

¿Cuáles son nuestros miedos? Puede ser el miedo al fracaso. Si nos embarcamos en algún proyecto ambicioso ¿fracasará? Puede ser el miedo a dejar nuestros hogares cómodos y seguros para salir a la misión a algún sitio peligroso. Podríamos tener miedo de explorar preguntas difíciles para las que no tenemos respuestas. Cuando le preguntaron a Yves Congar si sus respuestas eran correctas, contestó que no lo sabía, pero que las preguntas sí lo eran. No temamos las preguntas difíciles. Puede que tengamos miedo, especialmente en Occidente, de que nuestras provincias no vayan a sobrevivir. Algunos frailes mayores tienen miedo de los frailes jóvenes y de sus sueños.

Por eso pedimos al Espíritu Santo que nos libere del miedo, para salir de nuestras habitaciones cerradas para predicar. Pedimos lo que un maestro anterior, Vicente de Couesnongle, llamó “el coraje del futuro”. Si hacemos esto, por supuesto que seremos vulnerables. Un dominico inglés, Herbert McCabe, solía decir “Si amas, te herirán; puede que incluso te maten. Pero si no amas, ya estás muerto”. Sí, nos herirán. Puede que nos maten, como al beato Pierre Claverie en Argelia. Pero Cristo Resucitado muestra sus heridas a los discípulos. Si no nos atrevemos a ser vulnerables, nunca haremos nada.

Pedimos también que el Espíritu nos guíe en la elección de un nuevo Maestro de la Orden. No tiene que ser la persona más valiente que nos vaya a liberar. ¡Es el Espíritu Santo quien lo va a hacer y no el Maestro de la Orden! Su papel principal es apoyar a las Provincias y a los hermanos a los que el Espíritu llama a una misión valiente. Siempre habrá gente que trate de aplastar una iniciativa nueva porque es arriesgada, puede que no funcione, ya estamos haciendo demasiadas cosas, puede que sea mal comprendida, no es segura. El papel del Maestro es resistirse a esos miedos. Tenemos cientos de frailes jóvenes maravillosos que quieren hacer cosas un tanto alocadas. Tenemos que ser realistas, pero nunca desanimarlos. Lo primero que los ángeles les dijeron a las mujeres después de la resurrección fue: ¡No tengáis miedo!

A veces los hermanos quieren que nuestros superiores –priores, provinciales, el Maestro– sean solucionadores de problemas. En una ocasión, un provincial me mostró sus archivos y me dijo: estos ficheros son de un 10% de los hermanos, y ocupan el 90% de mi tiempo. Pero si un superior se ve como un solucionador de problemas, descubrirá que cada vez más hermanos son problemas. Una encuesta de los hospitales canadienses reveló que el hospital ideal no tendría ningún paciente. Puede que algunos provinciales piensen que la provincia ideal no tendría ningún hermano, dado que así no habría problemas.

Los discípulos del cenáculo probablemente pensaban que Tomás era un problema. ¿Por qué no estaba allí, encerrado con todos los demás? ¿Quién le dio permiso para salir al peligroso mundo? Si le hacen daño, probablemente esperará que le cuidemos. ¿Quién va a pagar su tratamiento médico? Pero fue este discípulo problemático quien primero confesó la divinidad de Cristo. Por supuesto que hay problemas que tenemos que resolver si es posible, pero el papel principal de nuestro nuevo maestro y de nuestros provinciales es animar lo que Bruno llama “creatividad apostólica”.

Jesús dice: “La paz esté con vosotros”. Nuestra predicación nace de esta paz. Gracias a Dios, la Orden está en gran medida en paz. Puede que haya tensiones, incluso a veces conflictos, pero conservamos la unidad. El primer deber del Maestro es velar por la paz de la Orden. Esto lo hecho Bruno maravillosamente.

Esa paz se rompe cuando las personas se encierran en las pequeñas habitaciones de la ideología. En todo el mundo, las personas se van retirando a habitaciones pequeñas y cierran las puertas. Conservadores o liberales, tradicionales o progresistas. Los algoritmos de los medios de comunicación encierran a las personas en burbujas en las que hablamos a los que piensan como nosotros. Los buenos y los malos; nosotros y ellos.

Bruno ha señalado en su nuevo libro que es exactamente así como pensaban los cátaros. Todo es blanco o negro. Estaba el Dios bueno y el dios malo. Los puros y los impuros. La predicación de Domingo comenzó llamándoles a salir de estas prisiones mentales hacia la creación espaciosa del Dios único que creó todo. Hoy necesitamos un Maestro que impida que la Orden se fragmente en grupos, y que ame la verdad espaciosa del catolicismo.

Los evangelios dicen que los discípulos se regocijaron cuando vieron al Señor. Toda nuestra predicación nace de ese gozo. Sin gozo, estamos perdiendo el tiempo. Que el señor nos conceda un Maestro alegre.

Video de la homilia

Fuente de la noticia: Capítulo General OP 2019

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