Guía Práctica

Cómo Cultivar la Oración Contemplativa: Guía Paso a Paso

Por Hermana María • Febrero 2026

"Era la primera vez en años que dejé de hablar con Dios y simplemente me quedé con Él."

Llevaba tres meses en el convento cuando la maestra de novicias me invitó a un ejercicio que parecía absurdamente simple: sentarme en silencio ante el Santísimo durante veinte minutos sin usar ningún libro, rosario ni estructura de oración. Solo estar. La experiencia fue desconcertante, incómoda y, al mismo tiempo, la más transformadora de mi vida espiritual hasta ese momento. Comprendí que toda mi oración anterior había sido un monólogo muy piadoso. La oración contemplativa me enseñó a escuchar.

Muchas personas creen que la contemplación es un don exclusivo de los místicos medievales o de religiosas con décadas de vida consagrada. Esta convicción, aunque comprensible, cierra la puerta a una forma de oración que cualquier persona bautizada puede aprender a cultivar. La tradición dominicana, que une contemplación y predicación desde el siglo XIII, ha desarrollado un método sólido y accesible que presento aquí.

¿Qué es la Oración Contemplativa y por Qué Importa?

La oración contemplativa no es un estado alterado de conciencia ni una técnica de relajación disfrazada de espiritualidad. Es, según la definición clásica del Catecismo de la Iglesia Católica (nº 2724), "una expresión de fe, una búsqueda humilde y pobre del rostro del Dios vivo". Más concretamente, es la oración que trasciende las palabras y los conceptos para entrar en comunión directa con Dios.

Santo Domingo de Guzmán, fundador de la Orden de Predicadores, no separaba la contemplación de la acción apostólica. Su principio fundacional — contemplata aliis tradere, "transmitir a otros lo que se ha contemplado" — supone que solo se transmite lo que primero se ha recibido en silencio. Sin contemplación, la predicación es ruido; con ella, se convierte en fuente de vida.

Las investigaciones en neurociencia de Harvard muestran que las prácticas de silencio contemplativo reducen significativamente los niveles de cortisol y aumentan la densidad de materia gris en zonas asociadas con la regulación emocional. Pero esto es solo el correlato físico de algo mucho más profundo: la reordenación del alma hacia su centro.

Los Cuatro Grados de Oración: El Mapa del Camino

Santa Teresa de Ávila —cuya espiritualidad influyó profundamente en la tradición dominicana— describió el camino contemplativo en términos de "cuatro aguas" o cuatro grados de oración. Conocer este mapa evita frustraciones y ayuda a identificar dónde te encuentras:

1. Oración vocal y meditación discursiva

Rezar con palabras propias o aprendidas. Reflexionar sobre un texto sagrado usando la razón y la imaginación. Es el comienzo necesario para todos. Aquí el esfuerzo es completamente del orante.

2. Oración de recogimiento

La mente comienza a calmarse. Los pensamientos siguen presentes, pero hay una capacidad creciente de volver al centro. El esfuerzo sigue siendo del orante, pero hay una sensación de "ser ayudado". Esta es la antesala de la contemplación.

3. Oración de quietud

La voluntad queda "prendada" en Dios mientras el intelecto todavía divaga. Es el inicio de la contemplación infusa, donde Dios toma la iniciativa. No se puede forzar; solo se puede disponerse.

4. Unión contemplativa plena

Todas las facultades reposan en Dios. La conciencia del tiempo desaparece. Es puro regalo, no técnica. Los grandes místicos como Meister Eckhart o San Juan de la Cruz describen este estado con lenguaje de paradoja y silencio.

La mayoría de las personas que empiezan a cultivar la oración contemplativa se mueven entre los grados 1 y 2, con incursiones ocasionales en el 3. Eso es completamente normal y suficiente para transformar una vida.

Método Paso a Paso para Comenzar

El siguiente método es el que enseñamos en nuestra provincia y que ha demostrado ser accesible para personas con distintos puntos de partida espiritual.

Paso 1: Crea un espacio y un tiempo sagrado

La contemplación necesita condiciones. No es que Dios no pueda encontrarte en el metro a la hora punta, pero al principio tu cuerpo y tu mente necesitan señales claras de que "ahora es tiempo de oración".

  • Lugar: Un rincón de tu casa donde puedas sentarte cómodamente sin interrupciones. Una vela, una imagen sagrada o una cruz ayudan a marcar el espacio.
  • Tiempo: Empieza con 15-20 minutos diarios. La mañana temprana es generalmente mejor porque la mente todavía no está llena de las preocupaciones del día.
  • Postura: Sentada con la espalda recta, los pies en el suelo, las manos descansando sobre los muslos. No te tumbes —te dormirás— pero tampoco te pongas rígida.
  • Dispositivos: Teléfono en silencio y fuera de la vista. No negociable.

Paso 2: Entra por la "puerta de la respiración"

El primer desafío de la oración contemplativa es transitir desde la mente activa al corazón receptivo. La respiración consciente es el puente más eficaz para hacer este tránsito.

Respira lentamente durante dos o tres minutos. No hagas nada especial con la respiración; simplemente obsérvala. Percibe cómo el aire entra, hace una pausa, y sale. Cuando notes que tu mente se ha ido a la lista de tareas o a alguna preocupación, vuelve suavemente a la respiración sin reprocharte nada.

Esta práctica de retorno gentil —que los maestros de meditación contemplativos llaman metanoia o conversión constante— no es un fracaso. Es exactamente el ejercicio. Cada retorno es un pequeño acto de amor hacia Dios.

Paso 3: La Lectio Divina como preparación

La Lectio Divina —"lectura divina"— es el método de oración bíblica desarrollado por el monje Guigo II en el siglo XII y adoptado por todas las órdenes contemplativas, incluida la nuestra. Consta de cuatro movimientos:

  1. 1. Lectio (Leer): Lee un pasaje breve de las Escrituras —cinco a diez versículos— muy despacio, en voz alta si puedes. No busques comprensión intelectual todavía; escucha como quien recibe una carta de alguien que ama.
  2. 2. Meditatio (Meditar): Relee el pasaje. ¿Qué palabra o frase te llama la atención? Quédate con ella. Repítela mentalmente. Déjala resonar. No la analices; simplemente rumiala, como la vaca rumia el pasto para extraerle nutrientes.
  3. 3. Oratio (Orar): Responde desde el corazón. ¿Qué quieres decirle a Dios desde lo que has recibido? Habla con espontaneidad. Esta es la transición de la cabeza al corazón.
  4. 4. Contemplatio (Contemplar): Suelta las palabras. Descansa en silencio en la presencia de Dios. Ya no hagas nada; solo sé. Este es el umbral de la contemplación propiamente dicha.

Paso 4: Usa una "palabra sagrada" cuando la mente divague

El Padre Thomas Keating, uno de los fundadores del método de Oración Centrante, propone usar una palabra sagrada como ancla cuando la mente se distrae durante la contemplación. Esta práctica tiene raíces antiguas en La Nube del No Saber, texto anónimo del siglo XIV que constituye una de las grandes joyas de la mística cristiana.

Elige una palabra sencilla con contenido espiritual: Jesús, Abba, paz, amor, ven. Cuando notes que tu mente ha emigrado —y lo notarás constantemente al principio—, pronuncia suavemente tu palabra sagrada en el interior y vuelve al silencio. No la uses como un mantra repetitivo; úsala solo cuando la necesites para retornar.

Nota de la autora: Mi palabra sagrada es Anunciata —el nombre de nuestra congregación. Cada vez que la pronuncio en la oración me recuerda que estoy en comunión con todas mis hermanas que en este mismo momento, en algún rincón del mundo, también oran. Hay algo poderoso en esa conciencia de comunión.

Paso 5: La práctica del "examen contemplativo" al final del día

La contemplación no es solo para la mañana. Cerrar el día con un breve examen contemplativo —distinto del examen de conciencia moral— ayuda a integrar la oración en toda la vida.

Antes de dormir, dedica cinco minutos a estas tres preguntas:

  • ¿Dónde noté la presencia de Dios hoy? No importa si fue durante la oración formal o en una conversación, en un paisaje o en un momento de ternura inesperada.
  • ¿En qué momento perdí la conciencia de su presencia? Sin culpa. Solo con honestidad y ternura.
  • ¿Por qué quiero darle gracias ahora mismo? Una sola cosa concreta es suficiente.

Esta práctica, sostenida durante semanas, desarrolla lo que los Padres del Desierto llamaban nepsis: la vigilancia espiritual, la conciencia continua de la presencia divina en el tejido ordinario de la vida.

Paso 6: Integra el silencio exterior en tu vida ordinaria

La oración contemplativa no puede vivir aislada en una burbuja matutina de veinte minutos si el resto del día es puro ruido y reactividad. Para que la contemplación eche raíces, es necesario crear pequeños espacios de silencio exterior a lo largo del día.

  • Come al menos una comida a la semana en silencio intencional, sin pantallas ni música.
  • En el trayecto de casa al trabajo, dedica diez minutos —sin auriculares— a simplemente observar y estar presente.
  • Antes de responder un mensaje complicado, haz una pausa de treinta segundos en silencio.
  • Practica la "pausa sagrada" antes de las reuniones importantes: dos minutos de silencio para centrarte.

Los Obstáculos Más Comunes y Cómo Manejarlos

Treinta años de vida contemplativa me han enseñado que los obstáculos en la oración son universales. Lo que cambia es la manera de relacionarse con ellos.

❌ Obstáculo 1: "Mi mente no para de pensar"

Todos los contempla­tivos tienen este problema. Todos. La diferencia no está en tener una mente que no piensa, sino en no engancharse a los pensamientos. Observa cada pensamiento como si fuera una nube que pasa por el cielo. No la persigues ni la empujas; solo la ves pasar. Vuelve al silencio. Repite cuantas veces sea necesario.

❌ Obstáculo 2: "No siento nada"

La ausencia de sentimientos especiales no indica ausencia de Dios. La fe contemplativa opera más allá de las emociones. Santo Tomás de Aquino enseñó que la caridad —el amor sobrenatural— es una realidad ontológica, no una experiencia sensible. Las sesiones "secas" son tan válidas como las más consoladas.

❌ Obstáculo 3: "No tengo tiempo"

El tiempo para la contemplación no se "encuentra"; se crea. Significa desplazar algo. Muchas personas que dicen no tener tiempo pasan más de dos horas diarias en redes sociales, según datos del Pew Research Center. No es un problema de tiempo; es un problema de prioridades.

❌ Obstáculo 4: "Me quedo dormida"

Si constantemente te duermes en la oración, probablemente estás físicamente agotada y necesitas descansar antes de orar. Reza de pie durante unos minutos, camina mientras rezas, o cambia la hora de la práctica contemplativa. El cuerpo importa.

El Fruto de la Contemplación: Reconocer la Presencia

Una de las señales más claras de que la oración contemplativa está echando raíces en tu vida no es la experiencia de estados especiales durante la oración, sino lo que sucede fuera de ella. Las personas que practican la contemplación regularmente suelen notar:

  • Mayor tolerancia a la incertidumbre. No necesitas controlar cada resultado porque confías en una Presencia que sostiene el proceso.
  • Menor reactividad emocional. Hay un espacio nuevo entre el estímulo y la respuesta, ese espacio en el que vive la libertad, como describía el neurólogo y sobreviviente del Holocausto Viktor Frankl.
  • Una compasión más profunda. Ver a los demás con los ojos de Dios —que ve el corazón— genera una paciencia y una ternura que el esfuerzo moral por sí solo no puede producir.
  • Atracción hacia la simplicidad. Muchas cosas que antes parecían urgentes empiezan a parecer ruido. Hay una reordenación natural de las prioridades.

Recursos para Profundizar en la Contemplación

Para quien quiera ir más lejos en este camino, recomiendo estos recursos con conocimiento personal de su valor:

  • 📖
    Textos fundamentales: La Nube del No Saber (anónimo, siglo XIV), Fuego de Amor de Richard Rolle, y Las Moradas de Santa Teresa son la trinidad clásica de la mística contemplativa en castellano.
  • 🙏
    Método moderno: El libro Intimidad con Dios del Padre Thomas Keating ofrece la Oración Centrante en formato contemporáneo y accesible. Es una introducción práctica excelente.
  • Acompañamiento: Si resides en España o Latinoamérica, muchas comunidades dominicanas ofrecen retiros contemplativos. Nuestra propia provincia organiza jornadas de silencio que están abiertas a laicos. Contáctanos para obtener información sobre las próximas fechas.
  • 📱
    Práctica guiada: La aplicación Pray As You Go ofrece lectio divina guiada de quince minutos diarios, ideal para comenzar. Es gratuita y de calidad notable.

Preguntas Frecuentes sobre la Oración Contemplativa

¿Hay diferencia entre contemplación cristiana y meditación budista?

Hay similitudes superficiales en las técnicas —el uso del silencio, la atención plena, la respiración consciente— pero el contenido es radicalmente diferente. La contemplación cristiana es esencialmente relacional: es encuentro con un Dios personal que ama y que habla. La meditación budista, en sus formas más puras, busca la experiencia de la vacuidad o del desapego del yo. Son caminos que empiezan en territorios parecidos pero llegan a destinos distintos.

¿Es la contemplación solo para religiosos o también para laicos?

Santo Domingo fundó no solo una orden de frailes y monjas sino también una fraternidad laical que practicaba la contemplación en medio del mundo. El Concilio Vaticano II afirmó que todos los bautizados están llamados a la santidad y, por tanto, a la vida contemplativa según su estado. No se necesita hábito para contemplar; se necesita corazón disponible.

¿Cuánto tiempo tarda en "funcionar"?

La pregunta parte de un malentendido: la contemplación no es una técnica que "funciona" al cabo de cierto tiempo. Es una relación que se profundiza gradualmente, con altibajos, y cuyos frutos más importantes frecuentemente no se perciben en uno mismo sino en quienes conviven con nosotros. Con una práctica regular de 20 minutos diarios, la mayoría de las personas notan cambios en su disposición interior en un plazo de cuatro a ocho semanas.

Una Invitación Final

La oración contemplativa no es una meta que se alcanza; es un camino que se recorre. Cada día de práctica —cada retorno al silencio después de una distracción, cada examen vespertino, cada pausa sagrada en medio de la jornada— es un sí pronunciado a la presencia de Dios.

Como enseñaba el maestro dominico Maestro Eckhart: "El ojo con el que veo a Dios es el mismo ojo con el que Dios me ve." En la oración contemplativa, el orante y el Adorado se acercan hasta que la distancia entre ambos comienza a desvanecerse — no porque el ser humano se convierta en Dios, sino porque Dios colma el ser humano hasta sus raíces.

Esta es la tradición en la que nos movemos las Dominicas de la Anunciata: contemplar para poder transmitir, silenciar para poder hablar, recibir para poder dar. Si deseas explorar la relación entre contemplación y vida activa, o si sientes un llamado más profundo a conocer nuestra vida vocacional, te invitamos a seguir explorando estas páginas y a no dudar en escribirnos.

"Señor, enséñanos a orar."

Así pidieron los discípulos, y así seguimos pidiendo quienes nos aventuramos por el camino de la contemplación. No pedimos éxtasis ni visiones ni certezas inapelables. Pedimos solo lo que los discípulos del Evangelio pidieron: aprender a entrar en la misma relación de amor que Tú tenías con el Padre.

Que este camino de oración contemplativa nos lleve, como a Santo Domingo, a ser portadores de luz en los lugares donde la oscuridad es más densa. Amén.