Según la Conferencia de Religiosos de España, el 74% de las 3.900 comunidades religiosas actuales son femeninas, divididas entre vida contemplativa y vida apostólica activa.
Esta proporción revela una realidad profunda: la riqueza de vocaciones que el Espíritu Santo suscita en la Iglesia. Ambos caminos —contemplativo y activo— responden a llamadas distintas pero complementarias dentro del mismo Cuerpo de Cristo. La comprensión de estas diferencias resulta fundamental para apreciar la diversidad de carismas que enriquecen la vida eclesial.
Fundamentos Teológicos de la Distinción
La distinción entre vida contemplativa y vida activa encuentra sus raíces en el Evangelio mismo. Cristo presenta estos dos modelos en las figuras de María y Marta de Betania. María, sentada a los pies del Señor, simboliza la dimensión contemplativa; Marta, atareada en el servicio, representa la vida activa. Ambas hermanas amaban a Cristo, pero expresaban ese amor de formas diferentes.
Santo Tomás de Aquino desarrolló ampliamente esta distinción en la Suma Teológica, señalando que ambos caminos conducen a la perfección cristiana. La vida contemplativa se ordena directamente a la unión con Dios mediante la oración, mientras que la vida activa manifiesta esa unión mediante obras concretas de caridad y servicio apostólico.
Características Esenciales: Un Análisis Comparativo
| Aspecto | Vida Contemplativa | Vida Activa |
|---|---|---|
| Objetivo Principal | Unión íntima con Dios a través de la oración perpetua | Servicio apostólico derivado de la vida de oración |
| Estilo de Vida | Clausura estricta, separación del mundo | Inserción en el mundo, contacto con la sociedad |
| Horario | Oficio Divino extenso (7-8 horas diarias de oración) | Oración comunitaria equilibrada con apostolado |
| Ministerio | Intercesión, trabajo manual, sostenimiento espiritual | Educación, sanidad, pastoral, obras sociales |
| Ejemplo | Carmelitas Descalzas, Clarisas, Benedictinas | Dominicas, Salesianas, Hijas de la Caridad |
El Carisma Dominicano: Síntesis Contemplativa-Activa
La Orden de Predicadores ocupa un lugar singular en este panorama. Fundada por Santo Domingo de Guzmán en 1216, la familia dominicana desarrolló un carisma que trasciende la dicotomía contemplativo-activo. El lema "Contemplata aliis tradere" —transmitir a otros lo contemplado— sintetiza magistralmente esta vocación única.
Para los dominicos, la contemplación no constituye el fin último, sino la fuente de la predicación. Como afirma Santo Tomás, doctor de la Orden, las obras que derivan de la plenitud de la contemplación —enseñar y predicar— superan en excelencia a la contemplación pura, pues "es más perfecto comunicar a otros lo contemplado que contemplar exclusivamente".
Esta síntesis explica la estructura de nuestras comunidades. Dedicamos tiempo significativo a la oración comunitaria y personal, al estudio teológico profundo, y simultáneamente nos comprometemos con la educación cristiana, siguiendo el espíritu de San Francisco Coll, nuestro fundador.
Complementariedad en el Cuerpo de Cristo
La Iglesia necesita tanto las comunidades contemplativas como las activas. Las monjas de clausura sostienen la misión evangelizadora desde el interior mediante la intercesión constante. Cuando una misionera predica el Evangelio en tierras lejanas, las contemplativas oran por ella desde sus monasterios. Esta red de oración invisible pero real constituye el fundamento espiritual de toda actividad apostólica.
Simultáneamente, las congregaciones activas manifiestan visiblemente el amor de Cristo mediante hospitales, escuelas, obras sociales y parroquias. La educación cristiana que impartimos transforma vidas, construye sociedad y siembra valores evangélicos en las nuevas generaciones.
Desafíos Contemporáneos
Las estadísticas actuales revelan desafíos significativos para ambos estilos de vida religiosa. En España, los 690 monasterios de vida contemplativa albergan 7.449 religiosos de clausura, muchos de ellos envejecidos. Las congregaciones activas enfrentan situaciones similares. La carencia de nuevas vocaciones, el envejecimiento de los miembros actuales y los procesos de secularización afectan particularmente a España y América Latina.
No obstante, estos desafíos no disminuyen la validez ni la necesidad de ambos caminos. La calidad supera a la cantidad. Comunidades pequeñas pero fervorosas continúan siendo faros de luz en una sociedad que necesita desesperadamente encontrar sentido trascendente.
Reflexión Final
La riqueza de la vida consagrada radica precisamente en esta diversidad de caminos. Cada persona recibe un llamado particular del Señor. Algunas están destinadas al silencio del claustro; otras, a la actividad apostólica; y algunas, como las dominicas, a la fecunda síntesis de contemplación y acción.
La vocación auténtica no se elige según preferencias personales, sino que se discierne en diálogo con el Espíritu Santo. La Iglesia necesita todos los carismas, todas las vocaciones, todos los dones que el Señor distribuye generosamente entre sus hijos.