Congregacion — Spanish monastic heritage article illustration
Archivo Histórico

La Congregación

Dominicas de la Anunciata - Provincia Santa Catalina de Siena

La idea del fundador desde el comienzo, fue que las Hermanas se dedicaran a los niños y jóvenes más necesitados. Por este motivo, las comunidades fueron abriendo escuelas gratuitas para los más pobres.

La Congregación de las Dominicas de la Anunciata fue fundada por San Francisco Coll el 15 de agosto de 1856 en Vic, España. Desde sus inicios, la Congregación ha estado dedicada a la educación cristiana de la juventud, especialmente de aquellos más necesitados.

Nuestra Misión

Las Dominicas de la Anunciata continúan la misión educativa iniciada por el Padre Coll, adaptándose a los tiempos actuales pero manteniendo siempre el espíritu dominicano de predicación y verdad. La educación integral de la persona, la promoción de valores evangélicos y el servicio a los más necesitados siguen siendo los pilares de nuestra acción.

Presencia en el Mundo

Desde aquella primera fundación en Vic, la Congregación ha ido extendiéndose por España, América Latina y otros continentes. La Provincia Santa Catalina de Siena comprende comunidades en España y Brasil, donde las hermanas sirven en colegios, parroquias, residencias y obras sociales.

"Id y predicad a todos los pueblos el Evangelio de Jesucristo" - Este mandato evangélico ha sido la guía de nuestra Congregación desde su fundación.

En cada lugar donde estamos presentes, buscamos ser signo del amor de Dios, especialmente hacia los más pequeños y necesitados, siguiendo el carisma que nos dejó nuestro fundador San Francisco Coll.

Vida Comunitaria

La vida fraterna en comunidad es una dimensión esencial de nuestra identidad. Las hermanas comparten la oración, el trabajo, el descanso y la misión, formando comunidades donde el amor fraterno es testimonio del Evangelio. Cada comunidad está llamada a ser un espacio de acogida, de perdón mutuo y de crecimiento humano y espiritual.

La jornada comunitaria se estructura en torno a la Liturgia de las Horas, la Eucaristía, los tiempos de oración personal y el trabajo apostólico. Este ritmo de vida, heredado de la tradición monástica y adaptado a la vida activa, permite a las hermanas alimentar su vida interior mientras sirven en la educación y la pastoral.

Gobierno y Organización

La Congregación se organiza en provincias, cada una con su gobierno provincial. La Provincia Santa Catalina de Siena cuenta con una Priora Provincial y su consejo, que animan y coordinan la vida de las comunidades. Periódicamente se celebran capítulos provinciales donde las hermanas disciernen juntas el camino a seguir, fieles al Espíritu y atentas a los signos de los tiempos.

Las Obras Apostólicas

La educación es el campo prioritario del apostolado de las Dominicas de la Anunciata. Las hermanas dirigen colegios de educación infantil, primaria y secundaria, así como residencias universitarias y obras sociales. En cada institución educativa, el proyecto pedagógico integra la dimensión académica con la formación en valores, la educación en la fe y el acompañamiento personal de cada alumno.

Además de los colegios, la Congregación atiende parroquias, casas de espiritualidad abiertas a retiros y ejercicios espirituales, y proyectos de cooperación al desarrollo en contextos de mayor necesidad. Esta variedad de obras refleja la creatividad apostólica que San Francisco Coll deseaba para su fundación: responder a las necesidades concretas de cada lugar con el espíritu del Evangelio.

Identidad y Carisma en la Práctica

La identidad de las Dominicas de la Anunciata se expresa en una espiritualidad que integra la contemplación y el apostolado. Las hermanas se alimentan de la oración para salir al encuentro de los jóvenes, y regresan a la oración enriquecidas por las experiencias del servicio. Este movimiento contemplativo-apostólico, propio del carisma dominicano, da consistencia a la misión de la Congregación a lo largo del tiempo y del espacio.

La vida en comunidad fraterna es también un testimonio apostólico. Las hermanas, al vivir juntas en fraternidad, manifiestan que el amor de Dios puede construir comunidades donde se acoge a cada persona como un don. Este testimonio complementa y enriquece la labor educativa, porque los jóvenes necesitan ver no solo que se les enseña a amar, sino que quienes les enseñan viven lo que predican.

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